18 de abril de 2013

Sobre libros y rosas

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Acudimos de nuevo a este Blog en vísperas de un día importante. Un día precioso que inunda las calles de nuestra querida Barcelona, y de toda Cataluña, de libros y rosas.

El día 23 de abril, el día de Sant Jordi. Un día especial por muchas razones. En primer lugar, porque se celebra la onomástica de mi otra mitad. De la otra mitad de este bonito binomio llamado "Bea y Jordi". Un binomio que ha formado parte del título de este blog desde sus inicios, y que nos sigue provocando una sonrisa cada vez que lo leemos, o acudimos a él.

Sí, Jordi celebra su santoral en este día tan floral y cultural que convierte las calles catalanas en un laberinto de jardines al aire libre, y en una inmensa librería en la que poder perderse entre títulos de libros olvidados... Sí, es un día que, personalmente, me emociona. Que me gusta disfrutar en la calle. Paseando entre la gente de aquí, participando orgullosa de esta bella tradición, y la gente de allá, que se deja embriagar por el festejo descubriendo por vez primera cómo las rosas y los libros pasan a ser portadas de los periódicos y los protagonistas indiscutibles de la actualidad, relegando todos los problemas y las miserias por un día.

Tengo recuerdos maravillosos de este día. Desde la vez primera que un chico se atrevió sonrojado a sorprenderme con una rosa y un poema, o la primera ocasión en que yo regalé un libro con una dedicatoria interior escrita por mí, en lo que fueron mis primeros versos de chiquilla enamorada, hasta aquella ocasión en que llegaron de visita unos amigos lejanos y tuve que explicarles el porqué de las rosas y los libros caminando por las calles de Barcelona. Les explicaba que los hombres regalan una rosa a su amada en honor al caballero Sant Jordi, que según cuenta la leyenda, mató al dragón que retenía a su princesa y que, al caer al suelo la primera gota de sangre que brotó de la herida del dragón, creció una rosa hermosa, que Sant Jordi arrancó para entregársela a su amada... Les conté también cómo, desde ya hace muchos, se conmemora también el 23 de abril, la muerte de dos grandes escritores de la literatura universal como fueron Miguel de Cervantes y William Shakespeare. Y que esa es la razón por la cual las mujeres catalanas sorprenden a los hombres importantes de su vida con el regalo de un libro.


Como digo, muchos recuerdos y muchas historias rodean este día que ha sido siempre tan especial. Pero este año lo vamos a vivir con más intensidad aún si cabe. Las circunstancias personales y las confabulaciones del destino han querido que en este próximo 23 de abril, las rosas y los libros sean protagonistas no sólo en las calles catalanas, si no en nuestras vidas.

Primero hablaremos de los libros. Y decimos "libros", en plural, porque hay dos libros que marcan estos días nuestras vidas. Dos libros que nos son ni serán "Best Sellers" ni batirán récords de ventas. Pero son dos libros que dejarán huella en nosotros. El primero de ellos ya está disponible en las librerías. Se llama "Com preparar un gran viatge (Manual dels rodamóns)", escrito por dos amigos viajeros Itziar Marcotegui y Pablo Strubell. Una pareja de Madrid que escribieron hace ya unos meses la versión en castellano (Cómo preparar un gran viaje) con bastante buena acogida en las librerías y que aprovecharon unas visitas a Barcelona para promocionar su libro para contactar con nosotros y charlar un buen rato. De esa charla nació una entrevista que registraron y publicaron en su blog (www.ungranviaje.org). Podéis escuchar la entrevista en su blog, o simplemente haciendo click en este enlace que aquí os ponemos "Entrevista de Pablo e Itziar a Bea y Jordi" donde sólo tendréis que clickar donde pone "Escuchar el Podcast".

Pero de esa entrevista también nació una buena amistad y muchas ganas de colaborar y volvernos a ver. Y así, cuando Pablo e Itziar decidieron lanzar la versión catalana de su libro, nos pidieron ayuda para su traducción. Evidentemente, fue Jordi el que más colaboró, pero ambos pusimos nuestro granito de arena para que ese bonito proyecto de dos amigos viera a luz. Y así ha sido. Su manual para grandes viajeros en catalán ya se puede comprar, y nosotros os lo recomendamos desde aquí.


Pero ya hemos dicho que no sólo un libro ha marcado nuestra actualidad. Hay un segundo libro que llevamos en el corazón. Éste no está (aún) en las librerías. Quizá no lo esté nunca. Pero seguro que será el libro más importante de nuestras vidas. Porque es un libro que estamos escribiendo nosotros. Un libro basado en todo lo que hemos vivido en estos dos últimos años. Un libro en el que queremos entregarnos en cuerpo y alma. Un libro en el que volcar todos los sentimientos y pasiones que hemos experimentado en ese tiempo. En él contaremos muchísimas cosas. Algunas ya han sido escritas en el blog, pero otras muchas no se contaron jamás. Algunas de ellas incluso nos cuesta hablarlas entre nosotros porque se hace duro recordar. Otras os harán sonreír. Otras llorar... Queremos desnudarnos y contarlo todo. Ese libro ya está en marcha. Quizá esté escrito ya un tercio de lo que queremos contar. Pero aquí, ahora, sólo os queremos desvelar como primicia las primeras frases. El inicio de una gran aventura...

"Siempre había pensado que a todos nos llega un momento en la vida en el que miramos a través del cristal de una ventana, con la vista clavada en el horizonte, y nos damos cuenta de que ya nada volverá a ser igual."

Estamos trabajando para que este proyecto vea la luz a lo largo de este año 2013. Esperamos que sea así. Ya os iremos informando sobre su evolución.

Pero también las rosas serán protagonistas en nuestras vidas este próximo 23 de abril. Este año más que nunca ¿Porqué? Pues porque este año vamos a montar un puestito en pleno centro de Barcelona en el que estaremos todo el día de Sant Jordi vendiendo rosas. Hemos pedido los permisos pertinentes al ayuntamiento de la ciudad y tenemos un lugar privilegiado en el corazón de la ciudad. Junto a Plaça Catalunya. En la esquina de Paseo de Gracia con Calle Caspe. Allí estaremos esperando a todos aquellos que se quieran acercar a participar de tan bonita tradición. Así que, si queréis comprarle una bonita rosa a vuestra amada, ¡¡no dudéis en venir a visitarnos!!


¡¡Os esperamos!!

Besos a todos.
11 de marzo de 2013

Seis meses después...


Hoy nos echábamos las manos a la cabeza cuando nos dábamos cuenta de que ya ha pasado medio año desde el regreso de nuestro gran viaje. Al filo de la medianoche, cuando el día 10 de septiembre se retiraba para dar paso al día 11, aterrizábamos en el aeropuerto de Barcelona y poníamos punto y final a una gran aventura... Pero todo eso ya lo sabéis. Ya escribimos todos los detalles en un último post que escribimos ya desde la familiaridad de nuestro sofá. Aquel último post quiso expresar y desvelar el batiburrillo de sentimientos que nos asaltaron en las primeras semanas tras una experiencia de semejante calado. Y quiso poner fin también a este Blog. De hecho, en él nos despedíamos definitivamente de todos vosotros. En ese momento, era lo que me pedía el cuerpo. Se había acabado la aventura, se había terminado el viaje, y no encontraba el sentido ni la razón para continuar escribiendo. Probablemente, porque me resultaba demasiado doloroso aceptar que la aventura había llegado a su fin, y escribiendo sólo conseguiría ahondar en la herida, recordándome una y otra vez, que todo había terminado.


Pero han pasado seis meses desde entonces, y el tiempo ha cumplido con su misión terapéutica. Hoy, me apetece escribir y recordar todo lo vivido. Me apetece volver a "charlar" con vosotros y reencontrarme con la mejor etapa de mi vida. Pero no sólo pretendo recordar, no quiero vivir sólo del recuerdo, también quiero compartir con vosotros algunas novedades y algunas sorpresas que nos ha deparado el regreso. Además, creo que puede ser didáctico y útil para futuros viajeros que alberguen dudas y miedos ante la idea del regreso a casa tras un gran viaje. Sabemos que cada vez son más las personas en España y todo el mundo que deciden colgarse la mochila a la espalda y emprender la aventura de viajar con la idea de conocer un poco mejor el loco mundo que hemos creado entre todos. Algunos de estos nuevos aventureros ya se han puesto en contacto con nosotros en estos meses y nos han preguntado muchas cosas. Siempre hemos intentado responder con la mayor rapidez y sinceridad que nos ha sido posible. Con algunos incluso hemos quedado para vernos y charlar tranquilamente tomando un café mientras intentábamos darles el empujón necesario para que superaran sus temores.

En definitiva, lo que quiero decir es que son varias las razones que me han devuelto la emoción por retomar este Blog. Ahora mismo, aún no sé si habrá más posts después de este, pero sí sé que éste lo hago con ilusión renovada. Una ilusión que las primeras semanas tras la vuelta no era capaz de encontrar.

Y quizá deba empezar por ahí, por lo que pasó tras las primeras semanas... Al principio, desesperación. La ilusión de los primeros días llenos de reencuentros con familia y amigos (incluso hubo un reencuentro con nuestros valencianos Alberto y Susana para comer Pad Thai), dejó paso inexorablemente a un sentimiento desesperado por volver a huir. Queríamos regresar al camino. Volver a cargar con las mochilas y largarnos de nuevo lejos, muy lejos. De hecho, una de las primeras cosas que hicimos en esos días fue volver a ponernos en contacto con nuestros amigos en México para preparar nuestro regreso inmediato a Playa del Carmen... Pero las cosas no serían tan sencillas. Había que solucionar varios temas que nos retenían aquí. El piso, la hipoteca de Jordi. Un error del pasado que haría las funciones de grilletes para mantenernos presos en España. La hipoteca, aquel invento que hace unos años era la panacea de la búsqueda de la felicidad para cualquier pareja, se convertía en nuestro mayor enemigo... La situación del país y un puñado de leyes injustas nos impedirían desencadenarnos y buscar un nuevo comienzo en un nuevo país.

Ambos sin trabajo (Jordi había pedido una excedencia pero su empresa le denegó la reincorporación), con una precaria situación económica, con el lastre de la hipoteca, y la desesperación de sentirnos atados a una realidad de la que ansiábamos huir, caímos en el desánimo... Habíamos pasado del todo a la nada demasiado deprisa. En ese difícil punto, había dos modos de reaccionar. Positivamente, o negativamente. Intentando mirar hacia delante y encontrar el modo de seguir persiguiendo nuestros sueños, o abatiéndose y abrazando la depresión... Curiosamente, Jordi optó por la segunda de ellas, y yo, por la primera.


En mi caso, me puse rápidamente en contacto con mis amistades para que me ayudaran a encontrar un trabajo que paliara ligeramente la sangrante situación económica en la que nos encontrábamos. Muchas eran las voces que me decían que era casi imposible encontrar trabajo en España pero, la verdad fue que no tardé más de una semana en empezar a trabajar como camarera en un restaurante. Poco a poco, volví a reunirme con mis compañeros del grupo de volei playa y, sin darme cuenta, había empezado a encontrar mi sitio de nuevo.

Jordi, por otro lado, se encontró con una situación que le superó. La constante negativa de los bancos a negociar cualquier solución que aliviara su hipoteca. La negativa de su anterior empresa a reincorporarle. Y las dificultades burocráticas para conseguir acogerse a la situación de cobro por desempleo, le hicieron caer en una profunda zanja de la que no podía salir. Se encerró en casa, apenas salía y no estaba con ánimos de hacer nada... Fueron semanas difíciles. Pero, igual que cuando estábamos de viaje y nos encontrábamos en una difícil situación siempre ocurría algo que nos hacía ver la luz al final del túnel, también en ese momento se nos presentó una oportunidad que nos permitiría ver las cosas con más optimismo, sobre todo a Jordi... Nos propusieron ir a vivir a Barcelona, a casa de mi abuela, a la que le haríamos compañía y la cuidaríamos sin tener que pagar alquiler. Eso nos permitió poner en alquiler nuestro piso de Sabadell. Lo que alivió, y mucho, nuestra situación económica.

Ese alivio permitió a Jordi recupera algo su optimismo y se animó a volver a entrenar a hockey. Esta vez como jefe, como entrenador de un equipo de juveniles. Una actividad que le permite oxigenarse y ganar también algo de dinero extra. También vendió el viejo coche que le cedió su padre para comprar con ese dinero una moto de segunda mano de 125 c.c. con la que se mueve (nos movemos) por Barcelona. Quizá una bonita herencia de nuestro paso por Asia y sus motos de alquiler.


También hemos podido ver lo grande que está nuestra primera sobrina Emma, que nació apenas una semana después de que iniciáramos el viaje. O sea, que acaba de cumplir 2 años. Y hemos podido vivir junto a los nuestros el nacimiento de una segunda sobrinita, Irene, la hija de mi hermano Toni y su mujer Àngels. Recién nacida, arrugada y con los ojos aún cerrados, nos saludaba por primera vez...


Así que, actualmente, nos tenéis viviendo en el centro de Barcelona, con pequeños trabajos que nos ayudarán a poner en marcha nuestro proyecto de emigrar... Si al final lo conseguimos, prometemos contarlo aquí, compartiéndolo con todos vosotros.

Yo estoy bien, y Jordi sigue recuperándose. Cada vez está mejor. Está recuperando el optimismo. En estos días en que nos hemos reunido con futuros viajeros, le he oído decir que vamos conformando nuestras vidas como si fuera un puzle en el que nosotros somos la pieza central alrededor de la cual vamos colocando piezas que encajan a la perfección con nosotros. Las que no encajan las descartamos y nos quedamos con las que están hechas a nuestra medida. Todas esas piezas (familia, amigos, trabajos, aficiones, casa, coche, etc.) conforman el puzle de nuestra vida... Y el día que decidimos marcharnos fue como sacarnos a nosotros mismos, a la pieza central, de ese centro del puzle. El viaje nos ha moldeado, nos ha transformado, nos ha cambiado. Es un hecho que ya no somos los mimos. Y al regresar, no podemos volver a encajar esa nueva pieza que somos en el centro del antiguo puzle. Es imposible encajarla de nuevo. Hay que empezar otra vez por el principio y conformar un nuevo puzle, con nuevas piezas. Quizá algunas de las antiguas siguen estando ahí, otras no, pero la mayoría serán nuevas, y de nosotros depende escoger otra vez las correctas. Las que encajen con nuestro nuevo yo. Y cada uno necesita su propio tiempo para conseguirlo.

No sé... Quizá sea algo rebuscado o confuso, pero creo que tiene gran parte de razón. Espero poder contar aquí pronto que por fin hemos encajado todas las piezas, y que estas nos han llevado a descubrir nuevos horizontes, y cumplir nuevos sueños.

Muchas gracias a todos los que leísteis el Blog, o parte de él, cuando el viaje estaba en curso, y a todos los que lo hacéis ahora. Ha sido emocionante volver a escribir aquí después de tanto tiempo.

Hasta pronto.
2 de octubre de 2012

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No os podéis imaginar la cantidad de veces que me he sentado frente al ordenador en estos últimos días para empezar a escribir estas letras.
Ya en nuestra casa de Sabadell, en la tranquilidad y el cobijo de nuestro sofá, he abierto esta página en blanco decenas de veces sin conseguir escribir ni una sola palabra. He tenido tiempo de sobra para escribir. La calma necesaria. Pero era incapaz. No conseguía escribir ni una sola letra... Con el paso de los días, empecé a darme cuenta de la realidad de lo que me estaba ocurriendo. No es que no fuera capaz de escribir. No era que no me salieran las palabras. La única razón por la que mis dedos eran incapaces de empezar a presionar con algo de sentido las letras de este teclado, era mi negación ante un hecho irremediable. Ante el fin de la aventura. Ante el fin de este Blog. Escribir este post, significa poner el punto y final definitivo. Significa escribir la palabra FIN. Cerrar una puerta. Acabar una etapa.

Una puerta cerrada, una etapa acabada, una palabra FIN escrita, que nos han llevado hasta un punto que jamás hubiéramos querido que llegara. Porque no es fácil aceptar que el viaje se ha acabado. No es fácil asumir que el mejor año y medio de nuestras vidas ha terminado... Es ley de vida, sí. Es lo que toca ahora, sí. Pero cuesta escribir las últimas palabras.

Porque este Blog nos ha servido como un balcón que asomaba a nuestra casa. Este Blog nos ha mantenido cerca de los nuestros cuando lo hemos necesitado. Como un cristal transparente tras el cual los podíamos ver y saludar... Este Blog ha sido nuestro cuaderno de bitácora. Nuestro diario de viaje. Este Blog ha sido el medio que nos ha permitido conocer gente que jamás hubiéramos conocido sin él. Este Blog nos ha acercado a personas que no conocemos, pero que han viajado con nosotros desde sus casas. Este Blog nos ha hecho llegar mensajes y comentarios que nos han sacudido el alma, y nos han emocionado. Este Blog ha sido nuestro compañero de viaje... Y este blog acaba aquí. Ya no habrá más posts después de éste. Las de hoy, serán nuestras últimas palabras.

Porque lo fácil sería continuar escribiendo. Seguir contando nuestras aventuras. Sean las que sean que nos depare el futuro. Y decimos que sería lo fácil porque siempre es más sencillo continuar haciendo algo que te gusta, que dejar de hacerlo. Es difícil saber cuándo es el momento de parar... Y nosotros pensamos que este es el momento de parar, dar las gracias, y decir adiós.


Se cumplen tres semanas desde que nos reunimos con nuestras familias y amigos en el aeropuerto de Barcelona. Tras 19 meses y medio, las sonrisas, los abrazos, alguna lagrimita, besos y bromas... Era lo que tocaba. Con nosotros aún un poco aturdidos por el largo día de viaje. Con dos vuelos de avión incluidos. Y sobrepasados por el enorme recibimiento de los nuestros (con pancarta incluida) en la Terminal 1 del aeropuerto, casi no podíamos ni reaccionar. Las palabras llegaban a nuestros labios tarde, a destiempo. Siempre alguien se nos adelantaba a la hora de hablar. Había muchos nervios y mucha ilusión entre los que nos esperaban y casi no nos dejaban tiempo para responder a las preguntas ansiosas que no cesaban de sonar. Era normal. Había mucho que decir. Pero nuestro cerebro casi no coordinaba. En lugar de las palabras, optamos por los abrazos, y por dejarles hablar a ellos. Era lo más fácil. Y ya tendríamos tiempo de contar aquellas anécdotas e historias que todos estaban esperando.


Estuvimos más de una hora en el aeropuerto antes de que los primeros empezaran a marcharse. En ese tiempo hicimos muchas fotos. Todos tenían cámara y todos querían fotos así que hemos reunido todas las que hemos podido y os las mostramos aquí, en este enlace: "Fotos de los Reencuentros"... En él podréis ver fotos también de los días posteriores en que fuimos reuniéndonos con más amigos y más familia.

Reuniones que llegarían en los días posteriores al regreso. Pero nosotros ahora nos queremos centrar en los días anteriores a nuestra llegada a Barcelona. Sin ahondar mucho en detalles. Porque pasamos tres días en Bangkok en los que no hicimos gran cosa. Bangkok ya lo conocíamos sobradamente así que nos reservamos tres noches en nuestro querido hotel Rambuttri Village.


Una ciudad y un hotel que nos habían regalado momentos inolvidables con buenos amigos. Allí nos habíamos reencontrado con Anna Zurano y Arnau. Allí nos habíamos vuelto a cruzar en el camino de nuestros valencianos favoritos, Susana y Alberto. Nuestra querida anciana de la lavandería y otras muchas personas que fueron desfilando ante nosotros en nuestros días en Bangkok... Pero Bangkok, y el hotel Rambuttri Village aún nos tenían reservada otra gran sorpresa. Una de esas sorpresas que sólo podían ocurrir en este gran viaje.

Y es que, tras pasar el primero de los tres días en Bangkok explorando las tiendas y los mercados en busca de algunos encargos para algunos amigos, comprando algún caprichito para nosotros, y bañándonos en la magnífica piscina de la azotea del hotel, llegamos por la noche a la habitación y nos pusimos a ver algún capítulo de alguna de nuestras series favoritas. Estando Jordi ya dormido, me puse yo a escribir en el ordenador mientras tenía el facebook abierto. En un momento de la noche, recibí un mensaje. Se trataba de Erica, una seguidora de este Blog y de nuestras aventuras por el mundo. Una mujer argentina residente desde hace ya muchos años en Castelldefels (Barcelona) y que, casualmente, estaba pasando junto a su familia unos días de vacaciones en Tailandia. Y, como realmente es una buena seguidora del Blog, convenció a los suyos para alojarse en el Rambuttri. O sea, ¡¡estaban alojados en el mismo hotel que nosotros!! Nos escribían desde una habitación justo en el piso bajo la nuestra. Increíble, ¿no?... Nos propuso quedar para conocernos y, como ya era muy tarde ese día, quedamos en encontrarnos todos a la mañana siguiente en la piscina.


Como podéis ver en la foto, así fue. De izquierda a derecha, la propia Erica, su marido Adrián, su hija Vicky y el morenazo de Jordi... Estuvimos con ellos charlando toda la mañana.

Nos pasaron las horas entre chapuzones y pláticas. Hubo muy buen "feeling" con ellos y se nos pasaron las horas hasta el punto en que nos dimos cuenta que ya eran las tres de la tarde y no habíamos ido a comer. Fue entonces cuando propusimos ir a comer juntos un buen "Pad Thai" justo en frente del hotel y continuar hablando de todo un poco. Estábamos muy contentos de haberlos conocido. De haber coincidido con ellos. Y además fue una situación muy curiosa, porque Erica había leído todo nuestro Blog, con lo que nos conocía a la perfección y sabía prácticamente todo de nuestra aventura. Fue casi como encontrarse con una vieja amiga. Una persona que te conoce desde hace tiempo y, desde el primer momento la tratamos y nos trató con mucha confianza. De lo cual nos alegramos, porque nos permitió conocer a una persona maravillosa, con una familia adorable.

Nos despedimos de ellos por la tarde pero con la promesa de reencontrarnos para ir a un mercadillo nocturno juntos. Tanto ellos como nosotros queríamos intentar hacer algunas compras antes de regresar a casa.
Ellos también debían tomar un vuelo a Barcelona al día siguiente, pero así como el nuestro despegaría a las 9 de la mañana, el de ellos tenía que salir por la noche... Cuando nos volvimos a encontrar ya caída la noche, fuimos directos hacia el mercadillo. Allí fuimos recorriendo tranquilamente todos los puestitos, preguntando precios e intentando negociar. Compramos algo de comer y algunas cosillas para nosotros. Jordi se compró unas chanclas "copy China" Adidas por 120 bt (3,05 euros). También se compró una gorra con el típico símbolo de los "New York Yankees" de la liga de “baseball” estadounidense, por 220 bt (5,80 euros) y estuvimos los 5 probándonos zapatillas deportivas de saldo y segunda mano en busca de alguna ganga. Una ganga que finalmente no encontramos... Yo me compré unas chanclas copia de las "havaianas" por 140 bt (3,56 euros) y unos auriculares para el Ipod copia de la marca "Philips" por 100 bt (2,54 euros).

Cuando nos cansamos de buscar buenos precios y de regatear, nos fuimos a comer un kebab por la calle. Estaba riquísimo, por 60 bt (1,52 euros), pero picaba que parecía la muerte pasando por el esófago.


Ya cansados, decidimos regresar al hotel para pasar la última noche en Bangkok, y la última noche del viaje. Ya teníamos las mochilas preparadas. Lo habíamos hecho por la tarde. Nos iríamos a dormir unas horas antes de levantarnos a las 5 y media de la mañana del 10 de septiembre. No sabíamos si seríamos capaces de dormir. Sufríamos una mezcla de emociones que poco iban a ayudar a conciliar el sueño... Pero Erica y su familia se habían cruzado en nuestra ruta, y en nuestras vidas, en el momento justo. Cuando más lo necesitábamos. Esa noche nos pusimos a hablar frente a su habitación, intentando despedirnos, pero sin conseguirlo. Había muchas cosas que decir y pocas ganas de dormir. Tras un buen rato, decidimos pasar dentro de su habitación a continuar la charla y, cuando ya sus párpados decaían, nos fuimos a nuestra habitación con el tiempo justo para darnos una buena ducha y recoger las últimas cosas... Gracias a ellos, habíamos conseguido pasar la última noche sin pensar demasiado en lo que ello suponía.

A las 5 y media en punto estábamos en recepción del hotel. Sin haber dormido nada, pero aún sin sueño.
Los nervios nos mantenían despiertos. Nos fuimos directamente a buscar un taxi que nos llevara a la estación de tren llamada "Phaya Thai" desde la que salía el primer tren hacia el aeropuerto a las 6 de la mañana. El taxista, para despedirnos bien del viaje, intentó (y consiguió un poco) estafarnos algo de dinero extra con el viejo truco de darnos una vuelta más larga para que el taxímetro corriera más. Lo que el tipo no sabía es que nosotros ya nos conocemos Bangkok como si fuera nuestra casa, y nos dimos cuenta bien rápido de sus intenciones. Se lo dijimos, nos puso la excusa de que había una calle cortada (mentira) y se dirigió ya sí hacia el lugar que le habíamos indicado... En fin. Tomamos el tren directo hacia el aeropuerto sin problemas y nos plantamos en la terminal de salidas internacionales.


Nos dirigimos a los mostradores de la compañía Aeroflot. La compañía nacional rusa, con la que iríamos primero hacia Moscú, para hacer una escala de cuatro horas antes de tomar el segundo vuelo de la misma compañía hacia Barcelona. Cuando ya teníamos nuestros billetes en la mano y la maleta facturada, nos empezó a vencer el sueño. Yo caí rendida en unas butacas muy cómodas y dormí hasta la hora de embarcar.


Ya en el segundo de los vuelos, el que nos llevaba definitivamente a nuestra tierra, llegaron los verdaderos nervios. Jordi pudo dormir en algunos ratitos, pero para mí fue imposible a pesar del cansancio. El viaje llegaba a su fin, y eso nos partía el alma. Pero nos esperaban los nuestros llenos de ilusión, y eso nos llenaba de alegría. Había una batalla de sentimientos que mantenía en vilo nuestro ánimo. Y así fue hasta el duro, feliz y extraño momento de cruzar la puerta que separaba la zona de recogida de equipaje con la zona de espera, donde estaban esperando los nuestros... Y aquí queremos revelar algo que no le contamos a nadie en su momento. Y fue el largo abrazo que nos dimos en los momentos previos a cruzar esa puerta. Jordi y yo nos miramos en uno de esos momentos en los que las palabras sobran y, con los ojos húmedos, nos fundimos en un tierno abrazo, cómplice, que duró varios minutos... Tras eso, ya estábamos preparados. Tras eso, dimos por concluida la aventura.


Lo que vino después ya con nuestras familias y amigos ya lo hemos descrito anteriormente. Aunque no hemos comentado el espectacular bocadillo de jamón ibérico que nos trajeron para volver a disfrutar de ese manjar tras tanto tiempo... je, je... Increíble lo bueno que estaba.

Y tras eso llegó lo peor... Enfrentarnos al regreso. Enfrentarnos al volver e entrar en nuestra casa. Enfrentarnos a los días posteriores. Intentando retomar los hilos de una vida anterior pero, ¿cómo se hace eso? ¿Cómo se vuelve a empezar?... En los días posteriores nos empezamos a dar cuenta de que a veces es difícil volver a dormir aquello que uno despierta. ¿Cómo volver a una vida "ordinaria" (y que nadie se moleste) después de haber experimentado un periodo "extraordinario"?

Las respuestas a todas estas preguntas aún no las hemos encontrado. Nos está costando mucho. No podemos negarlo. La readaptación aún no se ha completado y a veces tenemos dudas de que lleguemos a conseguirlo. Y es que aquí sabemos donde terminan todos los caminos. Sabemos hacia dónde se dirige cada calle, y dónde desemboca cada carretera... Y es difícil describir el sentimiento que provoca volver a casa tras tanto tiempo. Nosotros lo habíamos leído de grandes viajeros y casi todos coinciden en la misma idea. Todos, tras volver, coinciden en que todo está igual, todo huele igual, todo tiene el mismo tacto, todo te hace sentir igual que antes... Pero tú ya no eres el mismo. El que ha cambiado eres tú. Y eso te hace sentir desubicado. Como si dejaras de encajar en un lugar que antes estaba hecho a tú medida... Como decimos, un sentimiento muy extraño.

¿Y ahora qué?... Esa pregunta nos la habéis hecho muchos. Y aún no tenemos la respuesta. No lo sabemos. Estamos en una especie de travesía por el desierto. Atravesando las dunas sin rumbo. Con muchas ideas en la cabeza, ante un mundo que se nos ha revelado como lleno de oportunidades. Oportunidades que serán, y otras que no. Pero todas ellas marcarán nuestra vida, incluso aquellas que dejemos pasar.

Y aunque ahora mismo, mientras os escribimos, nuestro futuro esté lleno de incertidumbres y sombras, también está lleno de ilusiones. Lleno de nuevos caminos por recorrer. Nuestra historia aún no ha terminado. Porque las grandes historias nunca terminan. Y mientras haya alguien dispuesto a recibirnos, nuestros pasos seguirán resonando en los caminos del mundo.

Y queremos finalizar este post, y este Blog, diciendo que nunca es demasiado tarde. Que no hay normas. Que os sintáis libres de decidir cuándo y cómo. Que las posibilidades son infinitas... Y que, de vez en cuando, cuando os sea posible, viajéis. Que veáis cosas que os sorprendan. Que horizontes lejanos se muestren ante vuestros ojos. Que lleguéis allí donde sintáis cosas que jamás hayáis sentido. Que conozcáis gente interesante. Personas con otro punto de vista. Que viváis de acuerdo a vuestros sueños y hagáis que vuestra vida valga la pena y, si llegado un día, os dais cuenta de que no ha sido así, que tengáis el valor y la sabiduría necesarias para empezar de nuevo. Que nadie os diga que no se puede... Nosotros quisimos volar. Nos dijeron que no era posible. Que estábamos locos. Esto último quizá sea cierto. Pero volar, volamos. Vaya que si volamos... Este Blog será la prueba. Y si no es suficiente, aquí os dejamos este video que no dejará dudas. Disfrutadlo...


Bendita locura.

Sólo queda despedirnos. Está vez de forma definitiva. Un último adiós que está lleno de agradecimiento a los que nos habéis seguido, a los que nos habéis ayudado, a los que nos habéis acompañado, a los que nos habéis comprendido, a los que nos habéis soportado, y a todos aquellos que, de alguna manera, en mayor o menor medida, habéis dejado vuestra huella en esta aventura. Afortunadamente, sois demasiados para escribir todos los nombres aquí. Y nos sentimos orgullosos de habernos cruzado en la vida de todos y cada uno de vosotros... A todos, muchas gracias por facilitarnos el vuelo.

 En cuanto a nosotros, y nuestro futuro, trataremos de llevar a buen puerto algunos proyectos que tenemos en mente. Si alguno de ellos sale bien, quizá volváis a tener noticias nuestras. Si no, lo vivido queda para siempre. Pero sea lo que sea, vivirlo, y disfrutarlo, será, por última vez... Otra historia.

Muchas gracias a todos.
8 de septiembre de 2012

Ao Nang, Ton Sai, Railey... Y el fin de una aventura.

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Difícil está siendo empezar este post. Largo rato he pasado frente a la pantalla en blanco, con la mirada perdida, intentando encontrar las palabras con la que explicar el momento en el que nos encontramos.
Y es el que el temido momento de poner el punto y final a esta aventura está muy cerca de alcanzarnos. Ahora ya sí. Muchas veces hemos especulado, tras el escudo protector del tiempo, sobre la llegada de este momento. Creíamos que sería duro. Difícil de aceptar... Y lo está siendo. Un batiburrillo de sentimientos juegan a la danza del tormento en nuestro interior. Por un lado, una voz que nos repite sin cesar que esto se acaba. Que finaliza un sueño. Que es hora de despertar y afrontar la realidad... Por otro lado, una voz algo más dulce intenta convencernos de que jamás hemos estado más en contacto con la realidad como lo hemos sido en estos 19 meses (y pico). Que jamás hemos sido más libres. Que jamás habíamos volado tan alto como lo hemos hecho en este viaje. Que lo vivido, vivido está. Que eso ya nadie nos lo podrá arrebatar. Que es nuestro, sólo nuestro. De Jordi y mío. De nadie más... Y es para siempre.

Evidentemente nos gusta más escuchar la segunda de las voces, pero en muchos momentos se impone la primera, y caemos sumidos en el desánimo. Unas veces es Jordi el que adopta el papel de optimista e intenta infundirme ánimos con atinadas palabras sobre nuevas ilusiones y nuevas etapas. Otras veces debo ser yo la que invoque esas palabras. Y en ocasiones, simplemente nos quedamos callados largo rato, cada uno de nosotros hundido en lo más profundo de sus pensamientos. Pero ambos pensando en lo mismo. Intentando nadar contracorriente ante el implacable reloj del tiempo. Intentando retrasar lo inevitable... Pero lo inevitable está justo al doblar la esquina. A día de hoy, en el momento que escribo estas líneas, faltan apenas 48 horas para subir al avión que completará el círculo. El avión que nos llevará al punto de partida, poniendo el cierre final a nuestra particular vuelta al mundo... El día 10 de septiembre, a las 9:30 de la mañana hora local en Bangkok, deberá despegar ese avión, con destino Barcelona, previa escala en Moscú.

Y nosotros ya estamos en Bangkok. Hemos llegado hace algunas horas en un autobús nocturno, justo al despuntar del alba. Cuando las primeras luces de un nuevo día asomaban tras la línea del horizonte.


Pero supongo que querréis saber todo lo que hemos hecho estos días previos a nuestra llegada a Bangkok, ¿no? Si no recuerdo mal nuestra aventura quedó detenida en el último post justo en el momento en que tocaba despedirse de las maravillosas islas Perhentian, en Malasia. Separadas de la capital tailandesa por unos 1.300 kilómetros de distancia. Pero, aunque nuestro objetivo final era Bangkok, no queríamos recorrer esa distancia en una sola etapa. Tampoco queríamos pasar de haber estado en unas islas en las que no hay carreteras, ni coches, ni policía, ni cajeros automáticos, ni supermercados, ni perros etc. a una gran ciudad, que vendría a ser lo radicalmente opuesto, en todos los aspectos. Así, planeamos una parada previa de varios días en un punto intermedio que nos suscitara algún tipo de interés. Y el lugar elegido, fue la zona de Krabi. Una provincia tailandesa con multitud de lugares atractivos turísticamente hablando y que, además, está situada prácticamente a medio camino entre nuestro punto de partida, y el punto de destino final.

Estuvimos mirando precios de hoteles en los diferentes lugares de la zona, y finalmente nos decantamos por instalarnos en la ciudad de Ao Nang. Una ciudad menos atractiva que otras a su alrededor, pero más barata para alojarse, y muy cerca y muy bien comunicada por todos los puntos de interés de los alrededores. Así, pusimos manos a la obra para conseguir llegar en un día desde islas Perhentian a Ao Nang... En principio no debería suponer ningún problema, puesto que sólo se trataba de recorrer 660 kilómetros, pero había el obstáculo añadido de tener que cruzar una frontera, y que las comunicaciones de transporte no son buenas para ese recorrido.

Tanto es así, que tuvimos que tomar primero el barco a las 8 de la mañana desde el muelle de Coral Bay, en Perhentian Kecil (el precio del billete de salida estaba incluido en el precio del billete de isa desde Penang), hasta la localidad costera de Kuala Besut. En la costa noreste de Malasia. El trayecto fue de unos 45 minutos... Después, desde Kuala Besut, tomamos una furgoneta compartida (35 rg / 8,75 euros por persona) que supuestamente debía llevarnos directamente hasta la frontera tailandesa. Y decimos "supuestamente" porque nos llevaron hasta la ciudad de Kota Barhu, donde se bajaron todos los demás pasajeros, y como sólo éramos nosotros dos los que iban a la frontera, nos hicieron bajar y nos metieron en un taxi. Pagado por ellos, claro. Y así, en taxi, llegamos hasta el puesto fronterizo malayo. Lo pasamos sin problemas y sin colas. No había nadie. Nos pusieron el sello de salida del país, y caminamos 1 kilómetro hasta llegar al puesto fronterizo de entrada a Tailandia. Allí tuvimos que rellenar unos impresos y esperar a que atendieran a 4 personas delante de nosotros y, también sin problemas, nos pusieron el sello de entrada... Estábamos de nuevo en Tailandia.

Aquí debemos explicar que, cuando entras al Tailandia por vía marítima o terrestre, como era nuestro caso en esta ocasión, el visado gratuito que te extienden en la frontera es de 15 días. A diferencia de si la entrada al país es por vía aérea, o sea, a través de alguno de sus aeropuertos internacionales, que te expiden un visado de 30 días... Lo explicamos porque ya nos hemos encontrado algún turista por el camino que ha tenido problemas por eso, porque entró por tierra pensando que le darían 30 días, y le dieron sólo 15, teniendo vuelos ya reservado con una fecha más allá del límite de los 15 días... En fin, solamente un aviso que puede ser útil.

Pero volvemos al relato. Estábamos ya en el lado tailandés, pero íbamos a pie. Caminamos hasta el pueblo más cercano a la frontera, Sungai Kolok. A un kilómetro estaba la estación de trenes, y a dos kilómetros la de autobuses...
Y aquí cometimos un error que puso en peligro nuestro objetivo de llegar a Ao Nang en ese mismo día. Porque elegimos quedarnos en la estación de trenes y pedir dos billetes hacia Hat Yai y, desde allí, contratar una furgoneta compartida directa hasta Ao Nang. Los billetes nos costaron 146 bt (3,72 euros) por persona. Baratos. Pero con lo que no contábamos, fue con la lentitud de los trenes en Tailandia. Son realmente lentos. Y un trayecto que podríamos haber hecho en poco más de 2 horas en autobús, se convirtió en un trayecto de más de 4 horas. Llegamos a Hat Yai a las 4:15 de la tarde, y nos dirigimos a la primera agencia de viajes que encontramos abierta. Con la mala suerte de que era domingo, y muchas ya estaba con la persiana bajada. Entramos en la única que vimos, y preguntamos por la posibilidad de ir a Ao Nang esa misma tarde. El tipo nos miró, y supo leer en nuestras caras la desesperación por querer llegar en ese mismo día. No jugamos bien nuestras cartas. La última furgoneta salía en media hora. Y el tipo nos pidió 650 bt (16,55 euros) a cada uno. Lo que era una exageración pero, aunque estuvimos tentados de largarnos, nos quedamos intentando negociar una rebaja. Al final quedó en 600 bt (15,25 euros) por persona.

Como teníamos media hora, fuimos a comprar algo de comer al Seven Eleven, y de camino vimos otra agencia abierta, preguntamos el precio para el recorrido que acabábamos de pagar, y nos pedía 360 bt (9,17 euros). Nos queríamos tirar de los pelos, pero ya habíamos pagado. Ya no había nada que hacer. Nos consolamos comiendo y pensando que en unas 5 horas estaríamos en Ao Nang.

El trayecto en furgoneta fue sin incidentes. Llegamos primero a la ciudad de Krabi, y allí fueron bajando todos los demás clientes. Quedamos sólo nosotros para ir a Ao Nang. Ya temíamos que el tipo no querría llevarnos sólo a nosotros. Pero sí lo hizo. Nos preguntó el nombre del hotel al que nos dirigíamos y, aunque tuvo problemas para encontrarlo, y estuvo tentado en alguna ocasión de dejarnos en cualquier lado, finalmente, sobre las 10 de la noche, descargábamos nuestras mochilas en la recepción del hotel Palm Paradise Resort, en Ao Nang.

Un hotel espectacular que había encontrado Jordi rastreando la red y en el que hacían una oferta buenísima en la que pasabas tres noches pagando sólo dos, por estar en temporada baja. Un hotel en el que disfrutamos de estar alojados en un bungalow de lujo, con aire acondicionado, sofá, televisión por cable, reproductor de DVD, tetera y cafetera, un baño grande con bañera, terraza, y unos enormes ventanales que permitían una bonita vista a un bonito jardín. Además, teníamos acceso a una piscina en la que casi siempre estábamos solos, y acceso gratuito también al gimnasio del hotel (al que no entramos ni un solo minuto). El precio para todo eso era de risa, 650 bt (16,50 euros) por noche... Cuando nos instalamos en la habitación, empezamos a hacer fotos como locos. No nos podíamos creer que tuviéramos una habitación así, a ese precio. Sin lugar a dudas, la mejor en la que hemos estado en todo el viaje.


Contentos por el hotel, pero muertos de cansancio por el duro día de trayectos que acabábamos de superar, salimos a comprar algo ligero para cenar, y volvimos a la habitación para ver algún capítulo de nuestras series mientras se nos iban cerrando los ojitos...

Al día siguiente, a pesar de haber dormido muy bien en la fantástica cama de la habitación, estábamos aún agotados de los trayectos del día anterior. Decidimos quedarnos por tanto toda la mañana disfrutando de la piscina del hotel.
Estábamos solos y se estaba reamente tranquilo. Aprovechamos para escribir un poquito en este Blog y ponernos al día con mails atrasados. En Perhentian habíamos tenido una conexión a internet muy mala y limitada a sólo unas horas al día... Cuando llegó la hora de calmar el hambre, Jordi salió en busca de algún lugar en el que hicieran Pad Thai o arroz con pollo barato, cerca del hotel. Por suerte, regresó pronto porque encontró a sólo 10 minutos caminando unos puestitos callejeros de un grupo de mujeres musulmanas que cocinaban de todo. Desde pancakes y jugos de fruta, a pollo frito y sopas. Allí compró dos Pad Thais con pollo por 40 bt (1 euro) y un shake de mango por 25 bt (0,64 euros). Comimos en la habitación y descansamos otro poco antes de salir a recorrer Ao Nang, no sólo para conocer la nueva ciudad que nos alojaba, sino también para empezar a preguntar precios y formas de ir a visitar las mejores playas y lugares de los alrededores.


Ao Nang, es una ciudad más bien pequeña, encerrada entre montañas, con apenas 3 o 4 calles largas llenas de tiendas, hoteles, bares, cafeterías y restaurantes. Se podría decir que es una ciudad dormitorio para los turistas que llegamos con intención de visitar la región de Krabi.
Tiene playa, aunque no es especialmente bonita, y está sólo a 18 kilómetros de la capital de la región, pero siendo muy tranquila y barata. O sea, el lugar perfecto para alojarse e ir de compras, mientras contratas los tours o las excursiones para visitar los alrededores, mucho más bonitos.

Y eso hicimos nosotros. Además de acercarnos a la playa para ver el atardecer, pasamos la tarde de agencia en agencia preguntando y comparando precios para hacer algún tour que parecía interesante, y averiguando el modo más barato de llegar desde allí hasta Bangkok, y hasta las playas de Ton Sai y Railey, muy cercanas, pero sin acceso por carretera... Así, después del estudio del mercado, de la situación y teniendo en cuenta los días que nos quedaban, decidimos que al día siguiente tomaríamos un barco hacia Ton Sai y Railey, contratamos un tour para visitar unas islas cercanas un día más tarde, y compramos el billete hacia Bangkok en un bus nocturno para dos días después.


Todo estaba ya programado hasta llegar a Bangkok y, teniendo en cuenta que allí ya sabíamos dónde nos alojaríamos, y que el vuelo de avión de regreso a Barcelona ya estaba comprado, con las decisiones que acabábamos de tomar, poníamos punto y final al apartado de organización del viaje. Ya no había que buscar más hoteles. Ni había que pensar en qué ruta seguir. Ni cuál sería el próximo destino. Ni qué transporte escoger. Se acabaron las decisiones importantes. A partir de ese momento, ya sólo quedaba decidir qué íbamos a comer, o a qué hora nos íbamos a dormir. Poca cosa más... Y eso nos dejó algo más tristes de lo que ya estábamos. Quizá porque esa era la esencia del viaje. El tomar decisiones cada día. El cambiar el rumbo a nuestro antojo en el momento que así lo consideráramos oportuno. El sentir la libertad de ir, o no ir. Sentarnos juntos a pensar hacia dónde ir, y mirarnos ilusionados con las nuevas posibilidades que se presentaban ante nosotros. Sentirnos libres...


Esa noche, apenas comimos. Pero pudimos hablar con nuestros padres por Skype, lo que nos recordó la cantidad de gente que ansía nuestro regreso. Y eso nos reconfortó un poco, antes de caer de nuevo rendidos en la cama.

A la mañana siguiente, sin prisas, nos despertamos y desayunamos antes de prepararnos para salir.
Fuimos directos desde el hotel hasta la garita que hay justo en el paseo de la playa de Ao Nang, donde venden los billetes para tomar las barcas a las playas de Ton Sai, Railey y Phrnang Cave Beach. Cualquiera de esos tres destinos cuesta 100 bt (2,54 euros) por persona, cada trayecto. Nosotros pedimos ir a Ton Sai, aunque en realidad da igual cuál de las tres playas elijas ya que están las tres comunicadas por caminos entre las montañas. Pero nosotros decidimos ir a Ton Sai por una razón muy específica. Queríamos ir a esa playa porque una persona de esas tantas que han sido especiales en este viaje, nos recomendó no perdernos el ir a comer en un local de allí. ¿Os acordáis de Omar? ¿El chico de Barcelona con el que viajamos durante varias semanas en Indonesia? Él había estado dos meses en Tailandia antes de encontrarse con nosotros y nos habló mucho de sus experiencias por este país. Entre esas inolvidables experiencias, estaba la de haber comido algunos de los mejores bocadillos y platos varios de Tailandia en un lugar llamado "Mama's Chicken"... Y, por supuesto, allí nos dirigíamos.

El trayecto en barco desde Ao Nang hasta las playas de Ton Sai o Railey es de apenas 20 minutos. Que además pasan realmente rápido porque vas haciendo fotos a las espectaculares formaciones rocosas de las montañas que encierran esas bonitas playas. Formaciones rocosas muy parecidas a las que ya habíamos visto en Tam Coc y en Halong Bay, en Vietnam. Pero que aquí se unen a unas playas realmente bonitas, no por la calidad del agua, si no por la belleza del enclave. Por los fantásticos paisajes de postal... Además, en el trayecto también se pueden ver varias islas cercanas al continente. Pequeñas islas de las cuales, algunas de ellas visitaríamos al día siguiente en el tour que habíamos contratado.

El barco nos dejó justo en la arena de la playa de Ton Sai y allí empezamos a caminar por la playa. No mucho, porque la playa es bien pequeña. Pero la recorrimos entera para ir tomando algunas fotos. Después, nos adentramos hacia la zona de los alojamientos y no tardamos en encontrarnos con el buscado restaurante de los bocadillos... El Mama's Chicken. Era muy temprano para comer. Aún no teníamos mucha hambre así que nos fuimos a la playa a darnos un baño antes de regresar. Caminamos hacia el lado este, donde hay que cruzar caminando con el agua hasta la cintura para llegar a una pequeña calita que queda separada del resto de la playa con marea alta por una enorme roca montañosa. Allí, nos dimos un baño mientras observábamos a un grupo de españoles hacer lo que mayoritariamente viene la gente a hacer a esta zona... Escalada.


Estas montañas son conocidas en todo el mundo por ser uno de los lugares de práctica de escalada más bonitos. El enclave es maravilloso. Practicar escalada en paredes que ascienden prácticamente desde la playa o, en ocasiones, desde el propio mar, no se puede hacer en todo el mundo. Así que hasta aquí llegan aficionados de todo el mundo para practicar este deporte, mientras disfrutan de las playas. Y como Tailandia está plagada de españoles, y en España hay mucha tradición de escalada, sobre todo en el norte, pues no era de extrañar que los que estaban colgados de esta pared fueran compatriotas.

Después nos fuimos ya definitivamente a sentarnos en el Mama's Chicken. Allí nos comimos un bocadillo de pollo empanado con patatas (Jordi) y un “masaman” de cerdo con arroz (yo). Una especie de carne de cerno picada con verduras y picante mezclado con arroz. Estaba muy bueno, pero picaba lo suyo. Disfrutamos la comida, que junto con una coca-cola de lata y una botella de agua nos costó 195 bt (4,95 euros), y decidimos continuar camino. Ya habíamos visto y disfrutado Ton Sai, así que ahora era el turno de Railey.

Para llegar a Railey desde Ton Sai hay varias opciones. Las playas están lo suficientemente cerca en la bahía para que se pueda ir nadando o alquilando un kayak. Y siempre está la opción de pagar una barca para que te lleve. Nosotros no queríamos gastar más dinero y no podíamos ir nadando porque llevábamos las mochilas. Así que optamos la otra opción que queda. Ir a pie por uno de los caminos a través de las montañas. Hay dos. Uno largo, y uno corto. Nosotros optamos por el largo. Nos apetecía caminar. Y además, habíamos traído las zapatillas de deporte expresamente para eso. Nos las enfundamos sin calcetines, porque nos los habíamos olvidado, y pusimos rumbo a Railey. El camino es fácil y apenas son 30 o 40 minutos. Pero sí es conveniente llevar calzado adecuado. En chanclas puede ser complicado. Así que nosotros llegamos sin problemas, apareciendo entre los caminos de los bungalows de Railey este. Porque Railey es una lengua de tierra entre montañas que tiene dos costas. Una encarada hacia el este, y otra hacia el oeste. Nosotros llegamos a la parte este y estuvimos caminando por el paseo junto al mar. Un paseo no muy bonito porque no se puede uno bañar. Sólo hay una pequeña zona de playa al final, pero desde el que hay algunas de las fotos más bonitas de toda esta zona.


Caminamos todo el paseo y nos dirigimos hacia el sur. Allí vimos otra de las paredes más famosas para practicar la escalada. Una pared para aficionados que quieran empezar a sentir la adrenalina de estar colgado en la pared de una montaña. Vimos como daban sus primeras clases algunos turistas, y continuamos camino. Justo al lado de esa pared hay un desvío marcado que se dirige hacia otra playa. Quizá la más bonita de las tres. Al menos según nuestra opinión... La Phranang Cave Beach.


El camino discurre por pasadizos casi bajo la pared de la roca, observando las cavidades que la erosión del mar dejó. También se puede ir viendo algunos monos por el camino jugando entre ellos, o intentando quitarle la comida a algún turista. Y, al llegar a la playa propiamente dicha, una magnífica franja de arena blanca entre acantilados os dará la bienvenida. Nosotros nos sentamos primero en uno de los bancos que hay antes de llegar a pisar la arena para hacer unas fotos y ver un poco en perspectiva el bonito panorama de la danza del mar chocando una y otra vez contra la montaña horadando una enorme cueva en la base del acantilado. Allí estuvimos bañándonos durante un buen rato en las templadas aguas, en la esquina oriental de la playa.


Y allí, en la cueva de esa esquina oriental, hay varios altares con ofrendas bien curiosas en forma de falos, o sea, penes. Pero penes gigantes. Al parecer, allí naufragó un barco en el que viajaba una princesa (De ahí el nombre de cueva de la princesa) y, desde entonces, los marineros realizan esas ofrendas para tener una buena pesca. Pero una versión más moderna, dice que la princesa puede conceder mayor virilidad y conceder el don de la fertilidad a los hombres y mujeres que toquen esos falos enormes... Como ya sabéis muchos lo que opina Jordi de eso de tener descendencia, el pobre posó en la foto, pero sin querer si quiera rozar lo más mínimo alguno de esos "aparatos"... je, je.


Después nos fuimos hasta el extremo occidental de Phranang. Allí, justo ante la playa hay una isla llamada "Happy Island" que está casi a tocar desde la arena. Es un montículo que emerge desde el agua y que se presta coqueto para multitud de fotos. Allí nos tumbamos en la arena y casi nos quedamos dormidos mientras caía la tarde. El cielo empezaba a taparse y parecía amenazar lluvia. Satisfechos con el día que habíamos pasado allí, empezamos a pensar en el regreso. Sabíamos que el precio de las barcas hacia Ao Nang duplican sus precios cuando se hace de noche así que, antes de arriesgarnos, nos fuimos a los barqueros que había allí mismo en la playa. Nos pidieron los 100 bt (2,54 euros) que habíamos pagado al venir así que, sin problemas, subimos al barco. En 20 minutos estábamos en tierra firme de nuevo.


Lo que quedaba de tarde lo pasamos de nuevo en la piscina. Cenando ligero. Y en nuestra espectacular habitación... Nos fuimos temprano a dormir. A la mañana siguiente debían pasar por nosotros frente a la recepción del hotel para iniciar el tour "De las 4 Islas".

Y así fue. Puntual llegó una furgoneta por nosotros. Nos llevó hasta la agencia de viajes y, como éramos mucha gente, nos distribuyeron en grupos. A nosotros nos tocó en un grupo grande de unas 60 personas. Todas ellas tailandesas o malayas. Sólo había otro occidental, pero que resultó ser el novio de una tailandesa. Así que, rodeados de orientales, nos preparamos para tener un tour masificado... Una vez más. Y es que a pesar de llevar 19 meses, no escarmentamos. No nos gustan los tour organizados, y aún así caemos una y otra vez en la trampa. Y sí es cierto que en algunas ocasiones hemos acabado satisfechos con el servicio. Pero cuando empiezas un tour en un grupo de 60 personas en un barco enorme en el que viaja más gente que plazas caben en el barco, puedes estar seguro que no va a ser muy gratificante.


Aún así, pusimos todo nuestro empeño en pasarlo bien. Los orientales, en general, nos parecen muy divertidos. Suelen reír mucho, sobre todo cuando están de vacaciones. Son bastante torpes, y le tienen un miedo atroz al agua. Siempre hablando en general, claro.

El planteamiento del tour no podía ser más sencillo. Llamándose "De las 4 Islas", fácil era adivinar que se trataba de visitar cuatro diferentes islas cercanas a Ao Nang. La primera de ellas, “Tup Island”. Una pequeñísima isla que en realidad son dos. Dos pequeños montículos de roca que sobresalen del mar y que, en horas de marea baja quedan unidas por una lengua de arena blanca. Cuando llegó nuestro barco, la marea estaba empezando a subir y, en pocos minutos vimos como el agua empezaba a cubrir ese camino de arena que unía los dos montículos. Allí nos bañamos y estuvimos haciéndonos fotos durante una hora, hasta que la marea estaba demasiado alta, y tuvimos que subir todos al barco de nuevo, para ira hacia el siguiente destino. A la siguiente de las islas.


Nos dirigimos hacia “Chicken Island”. O sea, la "Isla del Pollo". Una isla que ha tomado ese curioso nombre por una caprichosa columna de roca caliza que hay en uno de los extremos de la isla. Esa columna se eleva hasta tomar la forma de un largo cuello coronado por la cabeza de lo que parece una gallina o gallo.
El resto de la isla completa la imagen del cuerpo acurrucado de una gallina gigante sobre el agua. El barco se acercó lo suficiente como para que hiciéramos las fotos pertinentes y luego se ancló cerca de sus costas para dejarnos libertad durante una hora para hacer algo de snorkel. Un snorkel que no mereció en absoluto la pena. Después de haber pasado por las Perhentian, zambullirse para ver coral muerto y algunos peces sin apenas color es una pérdida de tiempo. Al menos los tailandeses y malayos parecían disfrutarlo, y nosotros nos reíamos de verlos a ellos como si estuvieran viendo el paisaje subacuático más hermoso del mundo.

Cuando volvimos a subir al barco, pusimos rumbo a la tercera de las islas. Poda Island era el nombre. La más grande de las que visitaríamos. Con una bonita playa y aguas turquesas en las que darse un buen chapuzón para refrescarse. Con bonitas fotos que empezamos ya a hacer antes siquiera de pisar su arena... Y antes de bajar del barco, nos dieron la comida que estaba incluida en el precio que habíamos pagado (350 bt / 8,87 euros por persona). La comida consistía, como no, en arroz con pollo, y una botella de agua. Nosotros nos fuimos directamente a comérnoslo tranquilamente a la zona más bonita de la isla. Justo en la playa, sentados en la arena, justo en el punto en que veíamos frente a nosotros una formación rocosa elevándose bien alta sobre el agua, y con la ciudad de Ao Nang de fondo, a lo lejos.


Pero teníamos que comer con un ojo puesto en las bonitas vistas y otro ojo en unos simpáticos pero nada confiables monos que había por allí esperando cazar algunos restos de comida de los turistas despistados. Había al menos 5 de ellos y, cuando veían que no había comida que robar, se mostraban muy juguetones. Se perseguían entre ellos por la playa entreteniendo a la gente y dejándose hacer fotos. Nosotros nos hicimos alguna con ellos cuando ya habíamos acabado de comer. Justo antes de intentar jugar nosotros mismos con la perspectiva para hacernos unos fotos supuestamente graciosas con la pared de roca que había ante nosotros. Aquí parece que salto por encima de ella como si saltara al potro. Y no sabemos si es graciosa o no, pero la ponemos aquí porque después de lo que nos costó conseguir que saliera más o menos bien, se ha ganado el privilegio de aparecer en este Blog... Je, je.


Y aquí terminó para nosotros el tour porque, la que debería haber sido la cuarta isla a visitar sería la Phranang Beach. La playa con la cueva de los penes gigantes que habíamos visitado por nuestra cuenta el día anterior. Una playa que no es una isla, pero cuya visita fue justificada por los del tour diciendo que, como la única forma de llegar a ella es en barco, pues es como si fuera una isla... En fin. Allí estuvimos una hora más. Una hora que nosotros pasamos observando a los escaladores progresar en sus ascensos por las paredes de roca caliza... Y cuando pasó la hora, volvimos al barco para poner rumbo definitivo de regreso a Ao Nang.

Esa tarde nos pudimos darnos nuestro baño de rigor en la piscina porque empezó a llover como si el mundo se terminara. Así que nos refugiamos en el bungalow hasta que despejó un poco. Lo suficiente para ir en busca de unos Pad Thais para cenar, e irnos a dormir no sin ver antes algún capítulo de alguna serie, y recopilar un álbum con las mejores fotos de nuestros días en Ao Nang y alrededores: "Fotos de Ao Nang y otros".

Al día siguiente debíamos hacer el “check out” del hotel. Ya nos despedíamos del fantástico Palm Paradise Resort. Pero como no dejábamos la habitación hasta las 12 del mediodía, tuvimos tiempo de remolonear en la cama antes de ponernos a preparar las mochilas para partir de nuevo. Esta vez ya hacia el último destino antes de Barcelona. Esta vez hacia Bangkok. Una ciudad que visitaríamos por tercera vez en este viaje. Una ciudad que se ha marcado a fuego en nuestros corazones. No por tener nada especial. Si no por todos los encuentros y buenos momentos vividos allí... Pero como el autobús no pasaría a recogernos hasta las 3 de la tarde, tuvimos 3 horas para dar un paseo y comprar algo de comida para el viaje. Un viaje de 12 horas.

Y Jordi tuvo tiempo para comprarse un bañador, que ya le hacía falta... 280 bt (7,50 euros)...


Un bañador que estrenó en Bangkok. En la piscina del hotel Rambuttri... Pero eso ya no pertenece a este post. Eso os lo contaremos en un próximo post que será escrito ya desde nuestra ciudad de origen. Desde la ciudad que nos vio partir hace 19 meses (y pico). Muchas gracias a todos por habernos seguido hasta aquí. Ahora tocan momentos de despedidas y de reencuentros. Porque, volver a casa tras 19 meses perdidos por los pliegues del mundo será, esta vez más que ninguna otra... Otra historia.

Muchas gracias a todos.