No nos gustó tener que decir adiós a las chicas de “Elige Nuestra Aventura”. Sabíamos, porque esos dos días que habíamos pasado con ellas, que lo pasaríamos genial a su lado.
Con Ari y Aly teníamos esa sensación que uno tiene cuando conoce a un chico o una chica y al instante, al primer contacto, ya sabes que tienes que estar a su lado. Que hay algo entre vosotros que no se da fácilmente. Algo especial, tan valioso, que no puedes permitirte el lujo de desperdiciar… Pero una vez más, el destino, la fatalidad, el camino, ese cruel dictador que todo te lo da, y todo te lo quita, las arranco de nuestro lado. Dejando en nosotros esa extraña sensación que uno tiene cuando deja marchar a ese chico especial, a esa chica maravillosa, porque es lo inevitable. Porque debe seguir su camino. Pero con la seguridad es tu interior de que eso no es lo que tenía que pasar. Con la certeza de que existe un universo paralelo en que tú y esa persona especial habéis continuado camino juntos.Pero en este universo, en la realidad que este Blog refleja, nos preparamos para encarar nuestro último día de caravana por la isla sur de la espectacular Nueva Zelanda. Para ello, deshicimos el complicado camino que habíamos recorrido para llegar hasta el maravilloso lago en el que habíamos pasado la noche con las chicas, y encontrar así la carretera para dirigirnos de nuevo hacia la costa este, la costa del pacífico neozelandés, para ir a ver uno de las atractivos turísticos más curiosos, desconcertantes y misteriosos de todo el país… “Las Moeraki Boulders”

O sea, estas piedras de forma esférica casi perfecta que los caprichos de la naturaleza han formado en la superficie arenosa de “Koekohe Beach”. Y es que es realmente asombroso acercarse a ellas, o subirse a ellas, y comprobar lo perfectamente redondas que son. Además su superficie es bastante lisa y hay que ir con cuidado al subirse a ellas. Pero tan peligroso es subirse, como divertido resulta saltar desde ellas, o jugar a hacer posturas casi obscenas. O si no mirad esta foto… Yo juro que fue idea de Jordi… je, je. 
Pero como decimos, más allá de la diversión, estas piedras esconden un tremendo misterio… ¿Cómo la madre naturaleza fue capaz de crear semejantes esferas? La respuesta no es más que una teoría que no está demostrada y que genera dudas a los propios expertos. Según esta teoría, y sin complicarnos demasiado, diremos que el cuerpo de la roca se fue formando a lo largo de millones de años en el lodo marino, y distintos tipos de materiales y minerales (calcita, cuarzo, ...) fueron llenando poco a poco sus grietas y, gracias a una extraña reacción provocada al bajar el nivel del mar y subir el nivel de agua dulce subterránea, se compactaron todos esos materiales formando estas rocas.

Algunas de ellas llegan a tener hasta 2 metros de diámetro pero, lo que les ha dado esa forma redonda y lisa tan perfecta ha sido la incansable erosión del aire y el mar que, al no encontrar fisuras por las que colarse las fue moldeando de forma esférica.

Tras divertirnos un rato con las bolas misteriosas y detenernos por el camino a comer algo, nos dirigimos hacia el Lago Tekapo.
Nos habían hablado muy bien de él a lo largo del trayecto y estaba en todos lo folletos informativos como uno de los lagos más bonitos de todo el país así que no podíamos dejar pasar la oportunidad de llegar hasta él de regreso a Christchurch para devolver la caravana. El caso el que nos decepcionó un poco. No sabemos si fue porque estábamos un poco tristes adelantándonos al momento de dejar nuestra casa rodante y dando prácticamente por finalizada nuestra etapa neozelandesa pero la realidad es que a ninguno de nosotros dos nos pareció más bonito que otros que ya habíamos visto. Hicimos alguna foto, y media hora más tarde ya nos estábamos marchando enfilando la carretera en dirección Christchurch.Devolvimos la caravana sin problemas y nos dirigimos en el autobús que habíamos descubierto que salía desde una calle a 5 minutos del aeropuerto hacia el centro por 3,20 NZ (1,98 euros). Desde el centro de la ciudad caminamos casi una hora en dirección al mar para llegar al hostel que habíamos reservado unos días antes por internet para encontrarnos con la misma situación con la que nos encontramos la primera vez que aquí llegamos.
Era el más barato que se podía encontrar en la ciudad. Costaba 25 NZ (15,50 euros) por persona y noche una habitación compartida (de 6 camas, pero que pudimos disfrutar de estar solos en dos de las 5 noches), con baño compartido en el pasillo. Además, al llegar, nos dimos cuenta de por qué era el más barato. Era realmente un lugar muy cutre y, sobre todo, poco cuidado. Estaban a cargo de él dos hombres de edad avanzada que no se preocupaban mucho por mantenerlo ordenado y agradable. Hacían lo justo para mantenerlo un poco limpio. Pero una vez instalados, nos dimos cuenta que no nos faltaba nada de lo que necesitábamos para esos días. Teníamos cama con sábanas limpias, ducha con agua caliente las 24 horas, lavadora, internet inalámbrico incluido y un supermercado a 5 minutos caminando.El principal problema que se nos planteaoba en ese momento era en qué íbamos a ocupar los siguientes 5 días. Porque, si recordáis lo que contamos en anteriores posts, habíamos tenido que comprar deprisa y corriendo un vuelo de salida del país en el aeropuerto de Los Ángeles. Un vuelo que compramos calculando estar 27 días en Nueva Zelanda de los que nos sobraron los últimos 5. Días que, por culpa del alto precio de la vida, los transportes y los alojamientos, estábamos obligados a pasar sin movernos de Christchurch y gastando bien poquito. Lo justo.
Pero finalmente, dimos gracias por esos 5 días "sin hacer nada" porque nos permitió tener tiempo suficiente para dedicarnos a preparar a conciencia nuestro salto al país vecino... A Australia.

La poca preparación nos había salido cara en Nueva Zelanda y no queríamos que nos volviera a pasar lo mismo en el país de los canguros. Así, nos pasmos muchísimas horas al día enganchados a internet confeccionando la ruta y estudiando posibilidades de transportes y alojamientos en Australia. A medida que pasaban los días, fuimos teniendo moldeado el asalto y concluimos que podíamos llegar a estar 34 días con los Aussies (Así es como se les llama a los habitantes de Australia).
También concluimos que teníamos que centrarnos en sólo una de las costas del país. Teníamos que decidir entre la costa este, más turística y más explotada pero con las ciudades y lugares más conocidos del país. O la costa oeste, con menos masificación turística, pero más desconocida. Al final, nos decantamos por quedarnos en la costa este. Con los turistas. Y es que hay allí muchos lugares que nos morimos de ganas de conocer... El primero de ellos Sydney. Nuestro primer destino allí.Pero estamos yendo demasiado rápido porque nos hemos ventilado 5 días en Christchurch en dos párrafos y, aunque actualmente es una ciudad con casi nada por ofrecer debido a los terremotos, sí tenemos que contar que tiene uno de los parques más bonitos que hemos visto en una ciudad. El Hagley Park es un pulmón enorme justo a un costado del centro de la ciudad. Y, en estos días en que el centro está derrumbado por completo, es en este parque donde disfrutan los habitantes de la ciudad y los turistas de largos paseos, picnics con la familia o amigos, de practicar cualquier deporte (Hay pistas de tenis, rugby, cricket, atletismo, ...) o de una buena sombra bajo alguno de los cientos de árboles.
Nosotros fuimos hasta el parque todos los días que pasamos en Christchurch. Uno de los días nos sentamos en un banco al sol mientras Jordi me leía el libro que me regaló en el D.F. (La Llamada de la Selva), ¿os acordáis? Otro de los días estuvimos paseando por el Jardín Botánico que hay en su interior, donde lo que más destaca es el Rose Garden, o sea, el Jardín de las Rosas (Aunque la de la foto sea de plástico). El último día, antes de irnos hacia el aeropuerto, estuvimos también en el Hagley Park, con todas las maletas, enfrente de las canchas de tenis gratuitas, conectados a internet (también gratuito) y calentando nuestros humildes sandwiches de queso en una barbacoa (también gratuita) que allí había. 
Pero el colmo fue cuando decidimos regresar al parque el sábado. Ese día había muchos partidos de cricket en los muchos campos que hay en el parque. Nos sentamos tranquilamente en un banco a la sombra intentando entender un juego que hemos decidido que es incomprensible. Justo al lado, los integrantes de un equipo que ya había terminado de jugar su partido, estaban preparándose una barbacoa y uno de ellos, al vernos, se nos acercó y nos preguntó de dónde éramos. De nuevo, al responderle que somos de Barcelona, se alegró tanto que decidió invitarnos a un bocadillo de salchicha a cada uno. Y, más tarde, cuando ya se iban a casa, nos dieron todo lo que les había sobrado. Media bolsa de pan de molde y unas 14 o 15 salchichas. ¡¡¡BIEN!!! Ya teníamos comida para la cena de ese día, y la comida del siguiente... je,je. Evidentemente, nos hicimos una foto con el tipo.

Del resto de Christchurch, poca cosa más hay que contar. Es una ciudad triste. Es una ciudad con el corazón destrozado. No es que parezca una ciudad después de un gran desastre, es que eso es justo lo que es.
Imaginaros por un momento vuestra ciudad sufriendo un terremoto. Un terremoto en el que lo más afectado sea ejusto el centro de la ciudad.
Imaginad Barcelona con Las Ramblas, el Passeig de Gràcia, la Plaça Catalunya y muchos de sus edificios emblemáticos derrumbados. Toda la zona centro acordonada y vallada para evitar que nadie entre por peligro a más derrumbes... Imaginad qué desastre... Eso, eso es ahora Christchurch. Como ejemplo, queremos poner aquí la foto del que es el edificio más emblemático, la Catedral. Y abajo la que era la calle más concurrida, la más comercial, la de los bares, tiendas, restaurantes y centros comerciales... Así es hoy día.
Pero queremos finalizar nuestro relato de Nueva Zelanda, y de Christchurch, con un punto de optimismo. Y es que la ciudad está intentando levantarse. La muestra, esta calle comercial que ya empieza a andar. Empieza a llenarse de gente caminando tranquilos. Una calle que estuvo llena de esos "containers" típicos de los puertos y que albergaron provisionalmente sedes de bancos, tiendas y oficinas, y que se han dejado como recordatorio de lo que pasó. Se han pintado, se han decorado y han creado una de las calles más pintorescas de Nueva Zelanda.

Y llegó la hora de marcharse. La hora de cambiar de bandera, de país. De cruzar el Mar de Tasmania y volar hacia Sydney. Hacia Australia.
Pero ates debíamos pasar por algo que nos sería muy familiar... Una noche durmiendo en el aeropuerto de Christchurch.
Nuestro vuelo salía a las 6:30 de la mañana y, por tanto, el mostrador de facturación empezaba a funcionar a partir de las 3:30 de la madrugada. Con los precios carísimos que estábamos pagando por alojamiento, ni se nos pasaba por la cabeza pagar una noche de alojamiento para salir de allí a las 2:30 en dirección al aeropuerto. Era absurdo. Así que nos fuimos hacia la zona del aeropuerto que ya conocíamos y buscamos un buen lugar en el suelo enmoquetado. A pesar del cartel que se han visto obligadas a colocar las autoridades del aeropuerto en el que, entre otras cosas, pone claramente que está prohibido dormir en el suelo del aeropuerto, nosotros acabamos así.
Pero a pesar del dolor de espalda por dormir en el suelo, el sueño por dormir pocas horas, y el cansancio que cualquier vuelo de avión supone, aterrizamos a la hora prevista en el aeropuerto internacional de Sydney.
Nos esperábamos dificultades para entrar por la fama de duros de los funcionarios de aduanas, pero la realidad es que fueron muy amables y no tuvimos ningún problema. Incluso pasamos galletas, patatas chips, café, sal y azúcar sin registro alguno.

Del aeropuerto tomamos un tren que conecta con el centro de la ciudad. Es caro, cuesta 16,50 dólares australianos (13 euros) pero en 8 minutos estábamos en el centro.
Y fue llegar al centro y darnos cuenta que los 5 días trabajando sobre nuestra etapa australiana en Christchurch habían dado sus frutos porque una de las cosas que estuvimos intentando fue volver a recurrir a la maravilla del "Couchsurfing". No vamos a volver a explicar de que se trata pero ya lo usamos en nuestra etapa argentina y nos fue de maravilla así que, había llegado el momento de volver a ello. Habíamos solicitado alojamiento a varias personas y, finalmente, el día antes de llegar, un chico nos contestó que sí. Que nos alojaría en su casa. Lo que no supimos hasta el momento en que nos dio la dirección y lo miramos en el mapa, era que estaríamos alojados en pleno centro de la ciudad. A solo 5 minutos caminando del famosísimo edificio de la Ópera, justo frente a la Bahía de Sydney... ¡¡¡BIEN!!!

Al llegar al apartamento, nos bajó a recibir el chico. Sabíamos que su nombre era Hankin, pero no sabíamos hasta el momento de las presentaciones que es nacido en Hong Kong (Aunque vive en Sydney desde los 8 años). Al presentarse Jordi le dio la mano, pero al presentarme yo, le fui a dar un beso. ¡¡ERROR!! Yo venía muy acostumbrada a los besos y abrazos de América Latina pero los orientales no dan esas muestras de afecto, y menos en público. De todos modos, se mostró muy amable y nos dirigió hasta la que sería nuestra habitación en su pequeño apartamento. Teníamos una habitación para nosotros con dos camas individuales. El baño lo compartíamos con él.
Desde el principio se mostró muy callado y tranquilo. Como si siempre estuviera meditando. Intentábamos hablar con él pero, entre nuestro mal inglés y su parquedad en palabras, las conversaciones eran cortas y escasas. Aún así, nos sentimos siempre muy a gusto con él. Nos gustó su carácter reservado pero amable y empezamos a disfrutar de su compañía.

Gracias a él hemos disfrutado mucho más de una ciudad espectacular como Sydney. No sólo por poder ahorrarnos el dinero que nos hubiera costado un hostel, si no porque constantemente nos dio consejos sobre lugares para visitar y nos regaló boletos con descuentos y regalos en comida de algunos restaurantes de la ciudad... Para compensar su hospitalidad, le preparamos la comida un par de días. El primero de ellos una tortilla de patata con "pà amb tomàquet", y el segundo un pollo con salsa de queso azul y batata (boniato) al horno. Afortunadamente le encantaron las comidas (sobre todo la salsa de queso azul) y disfrutamos juntos alguna corta sobremesa.
En fin. Una vez felizmente instalados en el centro de Sydney, en casa de Hankin, salimos a empezar a conocer nuestra nueva ciudad. Nuestro primer contacto con Australia. un contacto que ha sido fantástico.
Desde el primer momento nos hemos sentido como en casa. Muy a gusto en sus calles, en sus parques, en sus jardines, rodeados de sus gentes... Sin dudarlo, nos gusta Sydney.Un gigante de 60 kilómetros de diámetro, 4,5 millones de habitantes y 221 años de historia. Lo que la convierte en la ciudad más grande, más poblada, y más antigua de Australia. Entre casas coloniales y rascacielos de cristal, se genera una cuarta parte de la actividad económica de todo el país convirtiéndose así en el motor económico de Asutralia. Pero Sydney, además de ser capital financiera, es también el lugar más fotogénico de toda Oceanía con imágenes que todos, absolutamente todos, hemos visto alguna vez por televisión, en cine, o en fotografías.

Una ciudad de la que hemos sabido todas estas cosas, y algunas más, gracias al hermano de Ari, una de nuestras queridas chicas. Humbert,
un gran tipo que nos invitó a tomar algo en uno de los bares de moda del barrio de King's Cross, el barrio Backpacker por excelencia de la ciudad. Él nos contó que Sydney es una de las ciudades más seguras del mundo. Entre otras cosas por los gigantescos sueldos que se pagan aquí, por la filosofía de vida de la gente (siempre feliz), y porque incluso los yonquis cobran un buen sueldo al mes para que no les falte nada. Nadie necesita robar. Y no tienen ese impulso de robar incluso lo que no necesitamos que nos caracteriza a los europeos. Y es que los habitantes de Sydney merecen una mención aparte. Amantes del deporte y del buen clima, aprovechan cualquier excusa para lucir su cuerpo. Un cuerpo que han moldeado a base de practicar deporte en sus playas, parques o gimnasios. El culto al cuerpo es casi obligatorio en esta ciudad. Unos tipos felices, con dinero, con tanto dinero que son capaces de contratar a un avión y su piloto para pedirle a su novia que se case con él escribiéndolo en el cielo.

Una ciudad moderna, cosmopolita, limpia, organizada, dinámica y cultural. Una de las metrópolis más multiculturales del mundo. Pero si algunas culturas destacan en Sydney son la asiática y la maorí. La primera está de moda. No hay calle o esquina de Sydney en que no te cruces con alguien de origen asiático. Pero la segunda está en caída. Los aborígenes australianos fueron perseguidos y masacrados cuando llegaron los ingleses a estas tierras, tiñendo de sangre el suelo de un nuevo mundo. De hecho, el gobierno pidió públicamente perdón a la comunidad aborigen por las atrocidades que el mundo blanco cometió con ellos.
Pero la que acabamos de describir es la Sydney actual, porque no siempre fue así. Tras la colonización inglesa, el gobierno británico destinó estas tierras, para ellos tan alejadas de todo, como cárcel para algunos de los delincuentes más peligrosos de la Gran Bretaña. Tan alejada consideraban esta tierra que la llamaron "Down Under", que se podría traducir como "Debajo de abajo"... Pues esos prisioneros ingleses que aquí llegaron como convictos, se convirtieron en los padres de lo que hoy día es una de las ciudades más importantes del mundo.

Pero no os vamos a explicar todo lo que hemos hecho en Sydney en este post, ¿no?. Supongo que tendréis ganas de descansar de tanto leer... je, je... Pero sí queremos despedirnos cerrando un círculo. Ya que habíamos empezado este post con el sabor amargo de las despedidas, al contar nuestra despedida de las chicas, queremos cerrar el post con un encuentro. Un encuentro en el otro lado del mundo.
Estos chicos que veis en la foto contactaron con nosotros para hacer lo posible para vernos. La foto demuestra que así lo hicimos pero ¿quiénes son?, ¿cómo se llaman? o ¿cuál es su historia? lo revelaremos en el próximo post. Un post en el que también visitaremos las playas de Sydney (Manly y Bondi Beach), las Blue Mountains, y alguna sorpresa más, como por ejemplo, para aqellos que seais muy cotillas, ¿Cuál fue la respuesta a la propuesta de matrimonio desde el cielo? Tenemos la respuesta... ¿Os lo vais a perder? Yo de vosotros no lo haría porque, conocer a nuevos amigos en la otra punta del mundo y visitar algunas de las mecas del surf, sin dudarlo debe ser... Otra historia.Muchas gracias a todos.

3 comentarios:
hola chicos, qué bonitos están, no puedo creer que estés tan flaca, Bea, con todo lo que has comido en este viaje, pero se nota que lo que consumes lo gastas. En buenahora.
Yo aquí, todavía anclada en mi Ushuaia querida, pero por poco tiempo. Los recuerdo con mucho amor y cada vez que tengo un tiempito los leo, son la mejor guía de viajes que he visto nunca. Besos. Mara
Gracias Mara!!! Qué alegría ver un comentario tuyo en el Blog... Contigo empezó todo. Nosotros también te recordamos con mucho cariño... Por cierto!! Pronto saltaremos a Asia. ¿Vendrás con nosotros? Besos.
Qué guapo sale Humbert! Nos alegramos de que os encontraráis!
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