Tras ocho días en Brisbane, que en principio debían ser sólo cuatro, llegó el momento de despedirse de Jacques. Teníamos que tomar un autobús a las 8 de la mañana hacia el norte, siguiendo el perfil este del país.
Lo teníamos todo preparado y nos despertamos listos para salir con tiempo para tomar un bus local que nos llevara a la terminal, pero Jacques, que es un hombre detallista hasta la médula, se despertó en su domingo para llevarnos en su coche. Aunque intentamos decirle que no era necesario, que aprovechara para dormir el domingo, era inútil, él ya se había levantado y estaba preparado con las llaves del coche en la mano, y esperando en la puerta.En la puerta de la terminal, de pie frente a su coche, le dimos un fuerte abrazo. Un buen acuchón en el que apretaba más el corazón que los brazos. Muchas fueron las palabras de agradecimiento. Pero hay casos (y en el viaje ya llevamos unos cuantos) en los que las palabras no alcanzan, y los gestos no son suficientes. Cada cosa que dices o haces para mostrar gratitud se te antoja escasa para lo mucho que hay que agradecer. Entonces, en esos momentos, a nosotros, sólo nos sale una cosa... Un fuerte abrazo.
Caminamos hacia el interior de la terminal despidiendo con la mano el rugido del motor del coche de Jacques. Cargados con las mochilas, y con el peso del vacío en el estómago que dejan personas como Jacques al alejarse, nos volvimos a mirar el uno al otro. Sí, los dos sentíamos lo mismo. No dijimos nada. Sabíamos lo que había que hacer... Seguir caminando.

Ya en el autobús, nos relajamos un poco y dormimos como siempre. Regresaba la normalidad. A medida que pasban los kilómetros y nos acercábamos a nuestro destino, crecía la ilusión. Fueron 5 horas y media de trayecto. Los autobuses de Greyhound no son muy cómodos, y en los trayectos de más de 4 horas uno puede empezar a desesperarse por el poco espacio y el excesivo calor, o el excesivo frío. Pero no importaba, poco a poco llegábamos a un destino muy esperado. Llegábamos a Rainbow Beach.
Rainbow Beach es un pequeño pueblo costero que escasamente sobrepasa el millar de habitantes que fue bautizado con ese nombre (Rainbow - Arco Iris) por un fenómeno curioso que se da en las dunas de arena de algunas zonas de sus playas.
Y es que la cantidad de minerales que fertilizan estas tierras generan un arco iris de colores en la tierra. Un abanico de colores precioso que se observa mejor que en ningún sitio en las dunas de arena. Y si hablamos de dunas de arena en Rainbow Beach, hay que hablar del Carlo Sandy Blow... Una de las maravillas que atrae hasta aquí a gente de todo el mundo.Pero antes debíamos instalarnos al llegar a nuestro nuevo destino. En este caso, y aunque no solemos hacerlo, habíamos hecho una reserva previa por internet para las dos próximas noches en un hostel llamado "Dingos Backpacker Resort". Al ser domingo de Semana Santa quisimos asegurarnos el tener alojamiento al llegar. Todo parecía perfecto porque el autobús nos dejaba justo enfrente. Sólo teníamos que cruzar la calle, hacer el registro de entrada, instalarnos en la habitación y empezar a disfrutar de Rainbow Beach. Pero no iba a ser así... Al llegar, una chica que estaba sobrepasada por el exceso de trabajo por Semana Santa nos dijo que no podía registrarnos si no teníamos impresa la confirmación de la reserva que habíamos hecho por internet. Nosotros, con nuestro inglés macarrónico, pero con mucha amabilidad, intentamos que comprendiera que estábamos de viaje y que cuando uno viaja no lleva consigo una impresora para esos menesteres. La chica, cabezona, insistió en que fuéramos a algún lugar donde nos lo pudieran imprimir. Un poco a regañadientes nos fuimos a una agencia de viajes que había justo al lado y les pedimos el favor, pero resultó que no les funcionaba la impresora (¿sería verdad?). Regresamos a la primera chica que ya estaba con una cola inmensa de gente frente al mostrador esperando registrarse.
Esperamos pacientemente a que nos volviera a tocar turno y, cuando por fin nos vuelve a atender, le explicamos la situación de nuevo. Le decimos que jamás nos han pedido ese papel en ningún lado, que es absurdo, que seguro que ellos tienen un registro de una reserva hecha por internet.
Incluso Jordi enciende nuestro ordenador y le muestra el mail de confirmación... Tras todo eso, por fin accede y empieza a operar en su ordenador. Tras poner caras raras durante unos minutos, nos dice que sólo tiene registrado que hemos reservado una sóla noche, y no dos. Además, la que le aparece reservada es la del día siguiente, no la de esa misma noche. O sea, que esa noche no teníamos alojamiento... Evidentemente, empezamos a protestar, pero nos sentimos muy impotentes por no saber cagarnos en todo delante de su cara por culpa de no dominar el idioma. Jordi, de la mejor manera que pudo les hizo comprender que esa situación era inaceptable. Que teníamos una resrva confirmda y que debían solucionar el problema. Ante eso, se vieron obligados a reubicarnos en algún otro hostel. Afortunadamente, a solo 2 minutos caminando de allí, en la misma calle, había otro hostel llamado "Frasiers On Rainbow Beach" que, aunque era más caro, nos alojó por el mismo precio que habíamos pagado en la reserva del otro... Y tenía piscina.
En fin. Todo ello muy desagradable, pero que sobretodo nos hizo perder muchísimo tiempo. Cuando estábamos instalados ya eran las 3 de la tarde y aún no habíamos comido nada.
Compramos rápidamente algo en el supermercado del pueblo y devoramos rápido para poder salir a conocer algo esa misma tarde. En esta época del año anochece sobre las 5:50 de la tarde. Así que había poco tiempo. Aún así, sobre las 4 estábamos camino del Carlo Sandy Blow por un camino que se adentra desde las calles del pueblo en el bosque y recorre durante 30 minutos una senda entre eucaliptos y el sonido del mar antes de llegar al punto que buscábamos... El Carlo Sandy Blow.

Una enorme duna de arena encerrada entre el mar la espesura de los tupidos bosques subtropicales. Es impactante ver cómo estás a un paso de la playa, del mar, y al mismo tiempo estás rodeado de árboles mientras te encuentras en una montaña de arena. Pero además, no una arena cualquiera, si no una superficie arenosa que cambia de color. Un terreno multicolor con diferentes capas y colores diversos que le han dado fama a esta zona, y le han otorgado el nombre de Raimbow Beach. 
Una ubicación así, a parte de unas vistas preciosas para buenas fotografías, ofrece la oportunidad de hacer el tonto tanto como se pueda, y eso se nos da genial. En eso somo slos primeros. Así que unos chicos que había por allí jugando nos dieron una idea que intentaríamos llevar cabo al día siguiente. Luego os lo contaremos. Porque ese día tocaba a su fin. Por lo menos en cuanto a luz solar. Ya se había puesto el sol y teníamos que regresar por el mismo camino por el que habíamos ido, a través del bosque de eucaliptus, casi a ciegas, y nostando cómo los mosquitos se daban un festín a costa de nuestra sangre por haber cometido el fallo de no acordarnos de llevar el repelente.

A parte de la cena, poco más tuvo que aportar ese día... A la cama y a intentar despertarnos temprano para aprovechar al máximo el siguiente.
Y el siguiente despertó con un sol insolente que casi amenzaba con derretirnos si no nos rendíamos ante él. Pero nosotros teníamos otros planes. Nos fuimos a la oficina de información y preguntamos si había algún modo de ir por libre y a pie a Fraser Island. Porque Rainbow Beach es uno de los dos puertos de acceso a esta peculiar isla... Fraser Island. Conocida mundialmente por ser la isla de arena más grande del mundo.
Pero resultó que, aunque sí hay modo de ir a la isla por libre y a pie, no es recomendable porque una vez allí en la isla no hay manera de desplazarse por los caminos de arena que no sea con coches 4x4 o todoterreno. Porque claro, al ser una isla en que toda la superfície es arena y ser un parque natural, no hay construidos caminos ni carreteras asfaltadas. Todos los senderos son arenosos y necesitan de una buena tracción para no quedarse estancados en alguna duna. Así que una vez comprobado que era inútil ir a Fraser Island por libre, porque no íbamos a poder ver nada una vez allí, decidimos preguntar cuánto costaba el tour más barato que te llevara a la isla... El tour más barato desde Rainbow Beach para pasar un día en Fraser Island era de 145 aud (114,50 euros) por persona. Claro, era mucho dinero y había que pensarlo muy bien porque no tendríamos muchas oportunidades como esa de visitar un lugar tan peculiar.
Para pensarlo bien, hicimos caso al amenazador sol y nos fuimos a rendirle pleitesía a la playa.
Pero esta vez no sólo íbamos a tumbarnos en la arena a tostarnos un poco más y darnos unos breves chapuzones en el agua. No. Esta vez íbamos a dar nuestros primeros pasos (aunque pasos torpes) con el deporte de la tabla. Íbamos a hacer nuestra primera incursión en el mundo del surf, pero antes de llevar al surf, hay que pasar por el body board... Con una tabla más pequeña en la que surfeas tumbado con el pecho sobre la tabla y los pies colgando por atrás. Pedimos prestada una tabla en el hostel gratuitamente y nos fuimos a la playa como hacen los australianos. O sea, descalzos, sin camiseta y con la tabla bajo el brazo. Directos a la playa.
Pasamos la mañana intentado cabalgar alguna ola de forma decente. Como sólo teníamos una tabla, probábamos una vez cada uno.
Jordi se atrevió con olas algo más grandes que yo, pero ninguno de los dos conseguimos salir del agua sin sentir ese sentimineto de agachar la cabeza que tiene aquel que se siente torpe ante el resto de los presentes. Del que se siente incapaz... Aún así, fue muy divertido. Y al mismo tiempo, muy revelador sobre la verdadera dificultad de este precioso deporte, y de su peligrosidad, porque Jordi fue revolcado en una ocasión por una ola y notó cómo esta lo succionaba hacia el fondo hundiéndole bajo el agua... Y eso que era una ola pequeña y en una zona de poca profundidad. Pocas bromas.Al mediodía, bien cansados, regresamos al hostel a comer y conectarnos a internet. Habíamos estado buscando algún couchsurfer que nos alojara en nuestro siguientes puntos en la ruta y resultó que uno de ellos nos había contestado que sí. Que nos aceptaba. Se trataba de un chico que vivía en Hervey Bay, nuestro siguiente punto tras Rainbow Beach, y el segundo puerto de entrada a Fraser Island. Además, este chico nos dijo que había sido muchos años guardaparque en la isla así que la conocía bien... Con la alegría de saber que estaríamos en su casa ahorrándonos alojamiento y que él nos podía ayudar a preparar nuestro tour a Fraser Island, descartamos definitivamente hacer el tour desde Rainbow Beach y agarramos de nuevo nuestra tabla para ir a hacer aquello que se nos había ocurrido en el Carlo Sandy Blow la tarde anterior... El Sand Boarding.

Lanzarse como un loco por una pendiente de arena con la tabla bajo el cuerpo. Lo mismo que se hace en la nieve con un trineo o una bolsa de plástico, pero mucho más sucio porque acabas tragando tal cantidad de arena que no hace falta que comas en varios días de lo lleno que tienes el estómago.
De todos modos, lo mejor fue sentarse a descansar de hacer el ridículo para ver atardecer desde el Carlo Sandy Blow... Ya podía regresar al hostel, el día había merecido la pena.Al día siguinete ya nos íbamos a Hervey Bay. Habíamos quedado con Dave, el chico que nos íba a alojar. Tomamos un bus que en dos horas nos dejó en la estación y desde allí intenatmos ponernos en contacto con Dave. Aún no nos había dado la dirección de su casa, pero sí el teléfono. Pero no pudimos contactar con él en toda la tarde así que nos fuimos a buscar un hostel para pasar esa noche un poco decepcionados.

Encontramos el "Flaspackers Hervey Bay" por 25 aud (19,75 euros) por persona y noche en una habitación compartida de 4 personas con baño. El hostel estaba muy bien, el mejor de los que hemos visitado en Australia y en todo el viaje. El desayuno estaba incluido y tenían una piscina y una pequeña sala de cine. Todo muy limpio y organizado. Perfecto. Como también teníamos Wi-Fi, le enviamos un mensaje a Dave para que nos contestara en cuanto lo viera, informándole de la situación. ya por la noche nos contestó pidiéndonos disculpas y nos dijo que nos esperaba en su casa al día siguiente, y nos mandó su dirección.
Así lo hicimos, a la mañana siguiente desayunamos en el hostel y nos despedimos de él. Nos fuimos con nuestra maletas en busca de Dave. Tardamos casi una hora en llegar andando desde el hostel a su casa pero al llegar ya nos estaba esperando. Nos presentó a su fiel perro "Simba" y nos mostró la que sería nuestra habitación por una noche. Enseguida le empezamos a preguntar sobre Fraser Island y nos empezó a informar sobre las posibilidades. Pronto nos dimos cuenta de que no teníamos más opción que contratar un tour porque, aunque había la posibilidad de alquilar unas bicicletas y recorrer la isla con ellas, necesitaríamos al menos dos días para ello. Nosotros sólo contábamos con un día para concer Fraser Island así que le dijimos a dave que nos ayudara a contratar el tour con la compañía que él considerara mejor. Al final, teniendo en cuenta que nos hicieron un descuento del 15% gracias a que Dave había sido guradaparque, nos salió a 150 aud (118,45) por persona. 5 dólares más que si la hubiéramos contratado en Raimbow Beach la primera vez. O sea que ya sabéis, si queréis ir a Fraser Island, contratado el tour en Rainbow Beach. Os saldrá más barato que desde Hervey Bay.
Una vez ya con el tour contratado para el día siguiente, nos fuimos a conocer un poco la ciudad. Una ciudad bonita y tranquila pero con poca animación y poco que ofrecer. Sólo hay un acuario y un centro de exhibición de tiburones, además del paseo de la playa y el antiguo muelle.

El antiguo muelle es completamente de madera y está muy bien conservado. Lo peculiar es que se adentra en el agua hasta 800 metros. Se puede recorrer libremente y mucha gente lo utiliza para pescar desde allí. Es bonito pasear por el paseo marítimo y llegar hasta el muelle al atardecer. Las vistas son bien bonitas y se puede ver desde allí la sobra lejana de las costas de Fraser Island.

Además, las vistas desde allí del atardecer de las playas de Hervey Bay, con marea baja, tampoco están nada mal...

A la mañana siguiente nos pasaban a buscar por delante de un hotel cercano para llevarnos a la terminal de ferrys que llevan a la isla. Todo estaba incluido en el precio del tour. Allí en la terminal nos metieron a todos en un ferry de esos en los que viajan también los coches autobuses. Bien grande. Pero antes nos dieron a cada uno una tarjeta de un color diferente dependiendo del tipo de tour que hiciéramos. Nosotros, que íbamos a realizar el tour de un solo día, teníamos la tarjeta roja. Una tarjeta que debíamos entregarle a un tal Sean, que se convertiría en nuestro guía y conductor ese día. Un “showman”.
El trayecto duró una media hora, y las vistas de la isla en el ferry mejoraban a medida que nos acercábamos a nuestro destino.

Una vez alcanzamos la isla, descendimos del ferry y buscamos a Sean. Nos hizo subir a un autobús con unas ruedas enormes y con tracción delantera y trasera. Un autobús 4x4. Éramos 42 personas las que conformábamos el grupo de ese día. Una multitud para un tour. Pero cuando pagas lo más barato ya se sabe lo que pasa. Pero bueno, no dejamos que eso nos agobiara y nos preparamos para pasar un gran día en Fraser Island.

Y es que esta isla de arena es realmente sorprendente. Porque uno imagina una inmensa duna desierta. Sin vida. Un lugar paradisíaco rodado de agua pero vacío de vegetación y fauna… Nada más lejos de la realidad. Y es que ya hemos dicho que Fraser Island es única. Porque a pesar de estar conformada completamente por arena, ésta está mezclada con una serie de minerales de tal riqueza que han provocado el crecimiento de miles de especies de plantas, flores y árboles. Está llena de vegetación. Hasta tal punto que incluso ha crecido un bosque subtropical en su centro.
Pero claro, los bosques no vienen solos. Donde hay bosques, hay animales que los habitan. Hay cientos de especies de pájaros. Pero el animal estrella. El que todo el mundo quiere fotografiar.
un mamífero autóctono de la isla. Una especie de perro salvaje, parecido también a un zorro, que vive y sobrevive en esta isla tan peculiar. A este perro-zorro lo llaman Dingo y, aunque puede llegar a ser peligroso por ser salvaje, todo el mundo desea encontrarse con él. Nosotros no éramos una excepción, pero el día anterior supimos charlando con Dave que sería muy complicado verlos. Al parecer sólo se dejan ver (y no mucho) al amanecer y al atardecer del día. Son muy reservados y no se acercan fácilmente al ser humano a no ser que huelan comida y estén hambrientos. Lo que les hace ser muy agresivos… Pero Dave se equivocó, porque aquí están las fotos que atestiguan que tuvimos la suerte de poder ver a los Dingos. Vimos a dos de ellos que, tranquilamente, se pasearon ante nuestro grupo en una de las paradas que hicimos a lo largo del tour. Nos hizo mucha ilusión poder verlos cuando no lo esperábamos y, además, nos parecen preciosos.
Pero no sólo disfrutamos viendo los Dingos de Fraser Island. También lo pasamos bien bañándonos en el Lago McKenzie. Sí, sí, un lago de agua dulce en medio de una isla de arena… ¿Qué cómo puede ser?
¿Que el agua debería filtrarse a través de la arena y no debería quedarse estancada? Si, lo sabemos. Pero es que la peculiaridad de este lago reside en su fondo y sus paredes. El lecho del lago y sus costados están formados por una sólida y densa roca llamada Coffee Rock, por su color negro. Esta roca no deja que el agua se filtre y deja estancada toda el agua de lluvia que cae en el gran agujero que forma. Porque toda el agua que hay en el lago es agua de lluvia. Así, el nivel del agua del lago depende exclusivamente de la cantidad de lluvia.Una lluvia que hizo su acto de presencia en el momento preciso en que nosotros llegábamos al lago con intención de bañarnos. Habíamos estado viendo fotos del lago en los días previos al tour y estábamos como locos de ganas de bañarnos en un lago de agua dulce en medio de una isla de arena blanca.
Así que superamos la decepción y Jordi se puso el bañador y empezó a bañarse. Aquí le podéis ver en la foto mojándose por el agua de lluvia del lago, y el agua de lluvia que caía en ese momento. Yo fui un poco más lista y esperé fuera mientras hacía fotos a que pasara la nube negra… Y así fue. Cuando Jordi salió del agua, apreció el sol… Je, je. Entonces él hizo las fotos, y yo disfrutaba del lago. Un lago de agua dulce templada, con pequeñas calas de playa de arena blanca, y todo ello rodeado de un espeso bosque subtropical en una isla de arena en el Mar del Coral que baña la parte norte de la costa este australiana… Precioso.
Alguna foto más para ilustrarlo…

Pero el tour continuó. Tras el baño en el lago nos llevaron a comer. Para ello, fuimos al único hotel-resort que hay en la isla. Allí, en el comedor del hotel, nos dieron una comida tipo buffet de la que podíamos repetir todas las veces que quisiéramos. Estaba bueno. Lo malo es que sólo teníamos una hora. Así que comimos todo lo que pudimos en ese tiempo y nos llevamos unas naranjas y unas manzanas para el resto del día.
Después continuamos el tour por la “70 miles Beach”. Una playa larguísima que recorre casi toda la costa este de la isla. Fue de lo más interesante recorrer esa playa en el autobús 4x4, por la arena, junto al romper de las olas. Desde la ventana parecía que el autobús estuviera dentro del agua. Uno se podía quedar mirando por la ventana con esa imagen en la retina reflejada durante horas… Era casi hipnotizador.

Tras casi media hora recorriendo la playa junto al agua, llegamos a otro de los puntos del tour. El “Maheno Shipwreck”, un pequeño barco que aquí encalló y se hundió y, desde entonces, ha pasado a formar parte del perfil de la isla, y se ha convertido en un icono de Fraser Island. Saun, nuestro guía, estuvo explicando algo de la historia del barco, pero nuestro inglés aún no es tan bueno como para entender a un australiano hablando rápido.

Después nos llevaron a un lugar cercano al Maheno llamado “The Pinnacles”. Unas paredes de arena en las que se puede ver algunas de las capas de sedimentos y minerales que conforman el subsuelo de la isla.Por último, nos llevaron al corazón de la isla. Al “Central Station”. El bosque subtropical que está en el centro de Fraser Island. Desde allí parten además la mayoría de caminos al resto de atractivos de la isla. De ahí su nombre… Nuestro guía estuvo explicando la historia e utilidad de muchos de los tipos de árboles y plantas. Dimos un pequeño paseo por alguno de los senderos marcados y disfrutamos de caminar entre los árboles mientras nuestros pies pisaban arena blanca. Todo ello bien curioso.

Y así finalizó nuestra aventura en Fraser Island, porque después nos llevaron de regreso al ferry para llevarnos de nuevo al continente. De nuevo a Hervey Bay. Pero nosotros nos despedíamos tanto de la isla como de la ciudad. Ya la noche anterior nos habíamos dicho adiós con Dave. Ya no pasábamos por su casa tras el tour. Nos fuimos directamente hacia la terminal de autobuses para tomar un nuevo autobús que nos llevara a nuevos lugares…Lugres con nombres tan atractivos como Whitsunday Island, Whiteheaven Beach o Magnetic Island ¿Os suenan? ¿No?... Descubridlos pues con nosotros. Pero eso ya será en el próximo post. Un post donde además, os presentaremos Gustavo y su familia. Un argentino de Rosario viviendo en Australia. Y también a unos nuevos amigos que hemos hecho por el camino… ¿Parecen canguros? ¿Lo serán? No os perdáis el próximo capítulo, porque ir de isla en isla en el Mar del Coral australiano, rodeados de la Gran Barrera Coralina, debería ser, y seguro lo será… Otra historia.
Muchas gracias a todos.



2 comentarios:
Heyyyy!! Como siempre sin palabra... que playas que arena que fotos...que ENVIDIAAAA !!!!
Jordiiii!!! Feliz Diaaaa, Un besazo pareja!! Muaksss!! :)
Ahhh!!! Soy la MAGUEEEEE por si no os habiais dado cuenta jijj!! La incondicional! Muaks
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